miércoles, 21 de enero de 2009










Linda

Linda somos todas,

lindas por naturaleza,

lindas de género,

lindas de origen.


Hay muchas cosas que unen a las mujeres: pertenecer al mismo núcleo familiar, tener la misma nacionalidad, la misma cultura, el mismo idioma, el mismo trabajo, el mismo patrón genético, la misma luna, etc.

Pero más allá de estas cosas que son evidentes, hay otras que justo porque son intangibles son difíciles de explicar.

Existen diálogos femeninos que no se pronuncian, hay palabras inarticulables, porque no lo son , solo se sienten:


Justo debajo de esternón, como si se encogiera el diafragma, eso te dobla el cuerpo.


En el vientre, que se hunde y se arrastra hacia las piernas, llegando hasta los pies, para salirse por los talones y por fin toca tierra.


Las que nacen en la base del cráneo, entre el “atlante y el epitafio” y aunque el esternocleidomastoideo jale con todas sus fuerzas, para hacer que la cabeza gire, ésta no se mueve ni un milímetro.


Es la mordida continúa, que deforma la dentadura y nos obliga a usar férulas, para que no se nos caigan los dientes.


La sensación de electricidad en la punta de los dedos, que mueve objetos, sin tocarlos.


Cuando los ojos se cierran durante la muerte pequeña o cuando están bien abiertos, esperando sólo que el aire los seque, los vacíe.


Con eso, que sólo se siente, mantenemos una comunicación continua a distancia, sin saber quien la transmite, provocándonos conmociones mínimas, invisibles.

Estas sensaciones han sido descritas mil millones de veces en la poesía femenina; la ciencia las cataloga, estudiando las reacciones químicas del cuerpo femenino y estudiando sus genes.

Las poetas siempre tuvieron razón en el verbo y ahora la ciencia avala su poesía.

Privilegiadas por el don de la palabra, describen estas sensaciones desde siempre.


La palabra, el poder de la palabra.


Sin embargo aquí la palabra es muda, se leen las sensaciones que no se pronuncian, mas que en la poesía y en obras de arte.

Por experiencia sé que cuando tomamos un trozo de arcilla y modelamos un cuerpo femenino, lo que hacemos es un autorretrato, esto se repite en mujeres de cualquier estrato social, cultural o intelectual, tengamos o no habilidades manuales y no importa la nacionalidad que tengamos, siempre nos hacemos a nosotras mismas.

Es por eso que LINDA SOMOS TODAS.


Dedicada a Linda Loaiza.

Esta es una obra participativa, le pedí a la gente que hiciera con arcilla, la figura de una mujer, para que formara parte del texto de la declaración para la abolición de la violencia contra la mujer.

La colaboración fue inmediata, durante la inauguración muchos fueron a buscar las figurillas que habían hecho en la instalacion, se sentían parte de la obra y compartian su preocupación sobre el tema de la violencia.

Esta obra en dos versiones se expuso en el Centro de Arte de Maracaibo, Venezuela y en la Fundacäo Memorial da América Latina en Sao Paulo, Brasil. En el marco de la Bienal Barro de América, 2004.

6 comentarios:

raga dijo...

es una obra maravillosa...

me he acordado mucho de ti, leyendo El vagón de las mujeres, de Anita Nair, de este decir con palabras que como piedras, sacadas de los bolsillos, de debajo de la lengua.

Linda somos todas...

P.D. Me hubiese gustado hacerme de algunas pequeñas conchas en ese viaje. Tendría un tesoro.

Dos besos, lindísima
Baila siempre

ojos de perra azul dijo...

Lindas como piedras, las conchas te esperan para llegar a tu bolsillo en tu proximo viaje.

Anónimo dijo...

Paso en este post, paso porque no somos como Linda, paso porque conozco bien la historia, paso porque te conozco y sé que es pura tu dedicatoria, como lo es tu ignorancia sobre el caso.
Besos,
R.

La Gata Insomne dijo...

ni siquiera estoy tan segura de que las/os poetas puedan

no sé si son palabras

pero son
desde siempre, por eso todas hacemos una nueva que es la misma y única desde y hasta siempre

Anónimo dijo...

Cada vez que pinto busco el "Rosado Domenica" y no lo consiigooo..hello beibi!!

vestir la sombra dijo...

¡Qué alfabeto tan hermoso!

Qué femenidad.

¡He quedado fascinada!